sábado, 18 de enero de 2014

LA FEMME AU SINGE -LA MUJER DEL MONO-, DE CAMILLE ALAPHILIPPE

Jamás había oído hablar de Camille Alaphilippe, escultor francés y alumno de Laurens y  de Barrias, en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París.

En 1901, se interesó por la cerámica tras su estancia en Villa Médicis. Junto a su esposa, Miss Avog, también escultora, decoraron los grandes almacenes del Boulevard Malesherbes Félix Potin y el jardín François Carnot.

 
En 1914, fue nombrado director de Fabricación Arenisca Alexandre Bigot Wed (Loir-et-Cher), que producía principalmente cerámica arquitectónica. Después de la Primera Guerra Mundial, enfermo y sin dinero, se trasladó a Argelia.
 

Me llamó mucho la atención una de sus esculturas: “La femme au singe” (‘La mujer del mono”) por su delicada belleza y trabajada estructura, compuesta por un ensamblaje audaz de elementos de bronce dorado y de plaquetas de gres esmaltado, montadas sobre una estructura de madera y de hierro, sostenidas en mortero de ladrillo pulverizado, y juntas realizadas en yeso coloreado.


Solo su enigmático rostro y sus delicadas manos están hechos de bronce.

         

Esta misteriosa y solemne imagen podría simbolizar una femme fatale, que sostiene un adorador encadenado, el mono.

Hierática y regia [H.: 184 cm; l.: 78 cm; P.: 96 cm], se muestra al público en el Museo del Petit Palais, en París, en la sala 1 de la sección de Artes decorativas de 1900 (fue adquirida al artista en el Salón de los Artistas Franceses de 1908).



Más información en:

Museo del Petit Palais. Disponible en: http://www.petitpalais.paris.fr/fr/collections/la-femme-au-singe
 


 
 

viernes, 17 de enero de 2014

"El Jilguero", Donna Tartt

Poco a poco, me voy poniendo al día con la inmensa lista de autores que existen en el mundo literario. En una de las páginas de las editoriales que sigo, formulaban una pregunta: “¿Aún no conoces a Donna Tartt? Muy atentos a ese rostro, pues será protagonista indiscutible del 2014”.

De inmediato, busqué información sobre esta escritora norteamericana de iniciación precoz. A los cinco años, escribió su primer poema y, a los 13, publicaba poesía en revistas literarias de Mississippi. No es de extrañar que ganase todos los concursos literarios en los que participó.
A raíz de la sugerencia de Willie Morris (escritor y editor americano), se trasladó a la Universidad de Bennington en 1982, donde empezó a escribir “El secreto” (‘The Secret History”), una novela de crímenes al estilo de los ritos clásicos de Dionisos y las Bacantes, en un campus universitario.
Tartt tiene, actualmente, 50 años. Su menuda estatura compagina con su porte elegante y una piel pálida perfecta, con una mirada sutilmente fiera a través de sus ojos color verde grisáceo.
De ella se dice que es una voraz lectora, que domina el latín, el griego y el francés; siendo capaz de citar de memoria a Santo Tomás, Platón, Buda, Dante, Proust, Poe, Salinger y, a su mayor ídolo, T. S. Eliot.
Desde la publicación, hace 20 años de “El Secreto” aclamada por público y crítica, sólo había escrito otro libro, “Un juego de niños”, en 2003, por la que fue galardonada con el premio WH Smith.

Ahora, regresa con otra novela, “El Jilguero”, de la que he podido leer críticas muy variopintas, muy polarizadas. Gusta mucho o suscita un rechazo abrumador.

Según la publicidad elaborada por la Editorial Lumen: “Si aquella mañana no hubiera llovido, si Theodore y su madre hubieran llevado un buen paraguas, si, si, si…quizá no hubieran buscado refugio de una tormenta en el museo Metropolitan de Nueva York. Allí estaban, contemplando una exposición de maestros de la época dorada del arte holandés, cuando de pronto estalló una bomba y Theodore se encontró de repente solo y rodeado de un montón de escombros. Buscando la salida, el chico, que acaba de cumplir trece años, se topa con un visitante que estaba minutos antes contemplando la misma exposición, acompañado de una chiquilla hermosa. El hombre muere delante de los ojos de Theodore, pero antes le entrega un anillo, pidiendo que lo devuelva a un tal Hobie, dueño de una tienda de antigüedades. Theo abandona el museo, llevando consigo el anillo  y algo más…”

Curiosidades en su redacción.

Poco antes de la publicación de su anterior novela, fundamentalistas islámicos destruyeron las esculturas budistas monumentales del siglo VI de Bamiyan, en Afganistán.

Ello le dio la idea de escribir algo acerca del terrorismo y la destrucción del arte. Al mismo tiempo, comenzó a jugar con la imagen de un niño obsesionado con una pintura. Pensó específicamente en una pintura "que apelase a un niño y, no hay muchas que se ajusten". En 2003, en una visita a Amsterdam, vio un ejemplar de El Jilguero, en una venta de la casa de subastas Sotheby’s. Pintado en 1654, el año de la muerte de Carel Fabritius, su autor, en un pedazo de cartón del tamaño de una hoja A4 de papel; se trata de una imagen llamativamente delicada de un pájaro pequeño, atado a su percha por una cadena.
“Este pequeño pájaro, tan valiente y tan digno, y luego ves esa cadenita terrible”, se refiere la autora; que prosigue: "Está en los Upanishads, creo. Un pájaro encadenado se utiliza como metáfora de la respiración en el cuerpo humano. Se apaga, y luego siempre sale a descansar en el mismo lugar. Nuestro cuerpo es el lugar encadenado, el lugar en el que estamos atrapados. La respiración es spiritus en latín. Siendo la paradoja de la humanidad. Somos criaturas aladas en algún nivel, pero también, estamos atrapados. Podemos volar, pero no podemos. En fin…”

El método de trabajo de Donna Tartt es muy laborioso. Escribe a mano en grandes cuadernos de espiral, añadiendo ideas y correcciones a lápiz de color rojo, azul y verde y, grapando fichas para realizar un seguimiento de la trama y los personajes. Cuando todo empieza a complicarse, pasa el manuscrito a su ordenador e imprime los borradores en papel con un código de color: “puedo recoger el proyecto en color rosa y sé que es el primero, o el más reciente de color azul. Así que, si necesito algo de un proyecto mayor, ya sé cómo encontrarlo”, fórmula que le enseñó su profesora de francés hace muchos años.

La elección del nombre del protagonista no está exenta de misterio. Tartt había fijado el nombre de Theo Decker para su protagonista. Fue solo después de que alguien señaló la correspondencia de sus iniciales y la de ella - DT y TD - y el hecho de que ambos nombres tienen el mismo 10 letras cadencia sonora. Pero, no fue hasta que ella había escrito la sección sobre Theo salvar el jilguero de la explosión en el Met cuando se enteró de que poco después de terminar la pintura, el mismo Fabritius había muerto en una explosión, en el arsenal de pólvora en Delft. En el momento de la explosión estaba pintando el retrato de un diácono. Su nombre era Simon Decker.
Su concepción de la felicidad es de lo más evocador: “Si no estoy trabajando, no estoy feliz. Eso es todo. Ese el requisito previo para mi felicidad”.
 
El jilguero se publicará el próximo 13 de marzo en España (1.192 páginas). De él dice la Editorial Lumen: “es un texto compacto que recuerda a Dickens pero también a Paul Auster, que intriga y al mismo tiempo deja espacio para la reflexión, y que finalmente quedará como una de las novelas emblemáticas del siglo XXI”.
El mismísimo Stephen King lo describe como «una de esas rarezas que aparece tal vez media docena de veces por década, una obra literaria que conecta el corazón y la mente del lector».
 
Tendremos que comprobarlo.
 
 

 

GENJI MONOGATARI, PRIMERA NOVELA ESCRITA POR UNA MUJER PARA MUJERES. MURASAKI SHIKIBU.

Genji Monogatari o La novela de Genji es una de las primeras novelas de la historia, con más de mil años de existencia (siglo XI – periodo Heian-), considerada como la novela psicológica más antigua de la literatura universal y novela clásica de la literatura japonesa.
 
Cuenta la historia del príncipe Hikaru Genji El Resplandeciente, a través de 54 capítulos o rollos (con un total de 4.200 páginas y 800 “wakas” –poemas tradicionales de 31 sílabas-), pasando por todas las etapas de su vida, incluso su muerte y la vida de sus hijos. Se trata de un personaje apasionado y mujeriego, destinado a ser emperador; pero, no lo alcanzará a ser– llegando, incluso al exilio – a causa de sus enredos amorosos, en la refinada corte de la era Heian (794-1185).


Tras su lectura, puede parecer un tema actual, pero fue escrita en el siglo XI por una dama de la Corte Imperial japonesa, cuyo nombre no se indica en la obra; pero, se deduce a partir de la lectura del Diario de Murasaki (los llamados nikki), donde se describen anécdotas de Genji.

Lady Murasaki ganó la entrada a la Corte sirviendo a la hija de Michinaga, Shoshi (988-1074), quien más tarde se convirtió en la consorte del influyente emperador Ichijo

(r.986-1011). Murasaki redacta observaciones con información privilegiada de la Corte de Ichijo; por lo que se dice que han sido la base para la novela o cuento de Genji.

 
La novela no tiene un argumento claro, sino que describe climas, estados espirituales y corporales, donde hay un permanente uso de los recuerdos que se funden en una naturaleza que acompaña a los personajes con colores, olores y otros estímulos sensoriales. De ahí que se considere la primera novela psicológica.
Quizás, lo que me haya sorprendido más tras conocer esta interesante historia, sea que la obra de Lady Murasaki haya tenido lectores muy destacados; entre los que se encuentran: Virginia Woolf, Jorge L. Borges, W. B. Yeats, Octavio Paz, Marguerite Youcenar; Harold Bloom y Yasunari Kawabata.

No se ha conservado el original del libro. Por lo que, la versión de la que se dispone proviene de numerosas copias. Quizás, la más antigua sea la que dirigió Teika Fujiwara, alrededor de 200 años después de que Murasaki Shikibu la hubiese comenzado a escribir.


 

miércoles, 15 de enero de 2014

LA HERENCIA DE MADAME DE FLORIAN

Cómo iban a imaginar los albaceas del testamento de Madame de Florian lo que encontrarían tras las puertas del viejo apartamento, del edificio diseñado bajo las directrices del plan Haussman.

El tiempo se había congelado en aquella propiedad, situada cerca de la Iglesia de La Trinidad, en el distrito 9, entre el barrio rojo de Pigalle y Opera de la capital francesa. Madame de Florian, con tan solo 20 años, tuvo que abandonarlo súbitamente, antes de la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial y, buscar refugio en el sur de Francia.

Tras 70 años de dulce letargo, bajo una gran capa de polvo, todo seguía intacto: muebles, cuadros, alfombras, juguetes de la época, incluso un fajo de cartas de amor.

          

Pero, una gran sorpresa estaba por llegar: una obra maestra del pintor Giovanni Boldini colgaba en el salón.
La pintura representa a Marthe de Florian, vestida con un precioso traje de noche de muselina color rosa palo; una bella actriz francesa, socialité de la Belle Époque y exmusa del pintor Giovanni Boldini.

Mientras buscaban más objetos de valor, encontraron una nota de amor escrita por el propio Boldini y dirigida a Marthe. Además, en aras de demostrar la autenticidad de la obra, consiguieron una referencia a la obra en un libro escrito por la viuda del artista, la periodista Emilia Cardona, donde cita que fue pintado en 1898, cuando Marthe de Florian contaba con 24 años.


Madame de Florian murió en el año 2010, a la edad de 91 años (sin dejar de atender a los pagos correspondientes al apartamento). Teniendo en cuenta que huyó a la Costa Azul con unos 20 años, su nacimiento ronda el año 1920. A tenor de los datos proporcionados por la viuda del artista, cuando la fallecida Madame de Florian vino al mundo, Marthe tenía unos 45 años. Por lo tanto, todo apunta a que Madame de Florian no es otra que la nieta de la musa de Boldini y protagonista del tesoro que reposó tantos años olvidado.
Una historia que bien podía servir para la trama de una novela romántica.